El artista madrileño regresa a Barcelona con una gira ampliada para presentar «Canciones en Mi», un disco íntimo que en directo se transforma en una atmósfera suspendida entre la nostalgia y el susurro
Hay conciertos que se escuchan y otros que se habitan. El de pablopablo en la Sala Apolo perteneció a la segunda categoría: un pequeño refugio sonoro donde el tiempo parecía detenerse entre guitarras suaves, saxos que respiraban como neblina nocturna y un público que escuchaba con esa atención delicada que solo provocan las canciones cuando parecen confesiones.
El artista madrileño regresaba a Barcelona después de haber pasado el año pasado por la sala La Nau con la gira de su primer disco. Entonces el formato era más pequeño, casi doméstico. Esta vez, el eco de aquellas canciones lo llevó a una sala mayor, y la Apolo respondió llenándose para escuchar un repertorio que gira en torno a «Canciones en Mi», su álbum debut.

Definido por el propio artista como “una oda a la simplicidad”, el disco está construido principalmente alrededor de la guitarra y de una escritura emocional que se mueve entre la introspección y la melancolía suave. En directo, esas canciones se expanden. Acompañado por Lyle Burton a la batería y Simeon May al saxo, pablopablo encontró el equilibrio entre la delicadeza del estudio y la respiración orgánica del escenario.
Canciones como habitaciones iluminadas a media luz
El concierto fue recorriendo buena parte del disco, con canciones como «Dónde estás!», «Todavía» o «Vida nueva», que en directo adquieren una textura distinta, más cálida y envolvente. El saxo añadía una capa casi cinematográfica a algunos pasajes mientras la batería sostenía el pulso con discreción, dejando espacio a la voz y a las guitarras.

Hubo momentos especialmente íntimos, como cuando sonaron «Siempre te quiero a veces» o «Será x mí», canciones que confirman esa capacidad del artista para escribir sobre el desamor desde una calma casi contemplativa. No es un dramatismo explosivo, sino algo más cercano a esas canciones “cortavenas” que se escuchan en silencio, cuando uno necesita quedarse un rato dentro de sus propios pensamientos.
El concierto también dejó espacio para algunas de las colaboraciones que forman parte de su universo musical. Sonó «Sidekick», el tema vinculado a Guitarricadelafuente, y también «De Ti», la delicada canción que comparte con Amaia, recibida con una mezcla de silencio atento y voces que acompañaban suavemente desde el público.

En medio del concierto, el propio artista se detuvo un momento para mirar la sala llena y reconocer lo que estaba ocurriendo delante de él: “Barcelona, gràcies. Nunca había reunido tanta gente en una misma sala, la verdad estoy flipando”.
La frase resumía la sensación general de la noche: la de un proyecto que ha ido creciendo sin ruido, pero con paso firme.

Cuando toda la sala respira la misma canción
El cierre llegó con uno de los momentos más esperados. Cuando empezaron a sonar los primeros acordes de «Eso que tú quieres de mí», el público respondió de inmediato, coreando la canción casi de principio a fin. La voz de pablopablo apenas necesitó guiar el estribillo: la sala ya lo estaba cantando por él.
Fue un final sencillo y emotivo, como una fotografía Polaroid en blanco y negro: granulada, imperfecta y llena de atmósfera. Un recuerdo suspendido en el aire de la Sala Apolo, donde durante un rato las canciones, todas en ‘Mi’ mayor, demostraron que la melancolía, cuando se canta así, también puede ser un lugar cálido donde quedarse.
