La colombiana ha transformado Villaverde en una ciudad musical con invitados sorpresa, miles de fans y una residencia que culminará el 12 de octubre con Maluma, Beéle y Dani Martín

Madrid lleva semanas viviendo al ritmo de Shakira. Desde que el pasado 18 de septiembre arrancó la residencia de la artista colombiana en Villaverde, la capital se ha convertido en el centro de peregrinación de miles de seguidores que han viajado desde distintos puntos de España y del extranjero para asistir a uno de los acontecimientos musicales más singulares del año. Lo que inicialmente se anunció como una serie de doce conciertos ha terminado desbordando su propio planteamiento: a las actuaciones, la producción monumental y el repertorio que recorre más de tres décadas de carrera se han sumado las apariciones de artistas invitados, una programación musical paralela y una última fecha, el 12 de octubre, que Shakira ha bautizado como el concierto «12+1».

La magnitud del proyecto se entiende mejor al llegar a Villaverde. Allí no se ha instalado simplemente un escenario para recibir a una estrella internacional, sino un recinto concebido para que la experiencia empiece mucho antes de que la cantante aparezca ante el público. El Estadio Shakira, con capacidad aproximada para 55.000 personas, preside Macondo Park, un espacio de alrededor de 185.000 metros cuadrados que combina música, gastronomía, moda y actividades culturales. Durante cuatro fines de semana, este enclave del sur de Madrid ha funcionado como una ciudad temporal construida alrededor de una de las artistas latinas más influyentes de las últimas décadas.

La imagen que se repite en cada jornada explica buena parte del fenómeno: grupos de amigas que llevan meses preparando la noche, familias que comparten canciones de distintas épocas, seguidores latinoamericanos que aprovechan el viaje para conocer Madrid y jóvenes que han descubierto a Shakira a través de sus éxitos más recientes. En las colas conviven camisetas de Pies descalzos con referencias a Las mujeres ya no lloran, el álbum que ha marcado su etapa más reciente. La residencia ha conseguido reunir a varias generaciones alrededor de una misma artista y convertir esa diversidad en uno de sus principales atractivos.

Un espectáculo que recorre toda una carrera

El estreno del 18 de septiembre estableció las coordenadas de una producción diseñada para grandes audiencias. Shakira abrió la noche con La Fuerte y desplegó un repertorio que alterna sus distintas etapas musicales, desde los primeros éxitos en español hasta las colaboraciones que la han devuelto al centro de la conversación internacional. La estructura del espectáculo permite pasar del pop y el rock de sus comienzos a los ritmos latinos que consolidaron su proyección mundial, sin olvidar las baladas que forman parte de la memoria sentimental de sus seguidores.

Canciones como Estoy aquí, Inevitable, Antología, La Tortura, Hips Don’t Lie, Waka Waka y Bzrp Music Sessions, Vol. 53 conectan épocas muy distintas de su trayectoria. El repertorio funciona así como una retrospectiva musical, pero también como una demostración de la capacidad de Shakira para adaptarse a los cambios de la industria sin perder una identidad reconocible. La artista que irrumpió en los años noventa con una propuesta personal, marcada por la guitarra y una escritura muy característica, comparte escenario con la estrella global que ha sabido moverse entre el pop anglosajón, la música urbana y los sonidos latinoamericanos.

La puesta en escena acompaña ese recorrido con un despliegue de pantallas, bailarines, cambios de vestuario y coreografías que mantiene el ritmo durante aproximadamente dos horas. Sin embargo, la dimensión del montaje no explica por sí sola la respuesta del público. Una parte fundamental del concierto reside en el reconocimiento inmediato de las canciones y en la posibilidad de escuchar en un mismo espectáculo temas que han acompañado distintas etapas de la vida de los asistentes. Para muchos, acudir a Shakira significa regresar a la adolescencia; para otros, descubrir en directo un repertorio que hasta ahora conocían principalmente a través de las plataformas digitales.

Ese encuentro generacional se hace especialmente visible durante Waka Waka, Loba o Las de la intuición, canciones que convierten las gradas en una prolongación del escenario. También ocurre con Bzrp Music Sessions, Vol. 53, cuya letra se ha instalado en la cultura popular como uno de los grandes himnos de la etapa reciente de la cantante. El público no se limita a acompañar la interpretación: conoce las referencias, anticipa los estribillos y participa en una experiencia colectiva que explica por qué la residencia ha adquirido una dimensión que va más allá de la venta de entradas.

Los invitados convierten cada noche en una incógnita

Si el repertorio constituye el hilo conductor de los conciertos, los invitados han añadido un elemento de expectación que ha mantenido viva la conversación durante toda la residencia. Las apariciones de Laura Pausini, Alejandro Sanz y Manuel Turizo han reforzado la conexión del espectáculo con la música en español, mientras que la presencia de Dua Lipa el 3 de octubre elevó la repercusión internacional de la cita.

El reencuentro con Alejandro Sanz tuvo una especial carga nostálgica gracias a La Tortura, la colaboración que ambos publicaron en 2005 y que se convirtió en uno de los grandes éxitos de aquella década. La canción conserva una fuerza particular en directo porque remite a un momento en el que la música latina comenzaba a consolidar su presencia en el mercado internacional con una generación de artistas que hoy sigue ocupando los principales escenarios. La interpretación conjunta permitió recuperar aquella complicidad ante un estadio que reconoció inmediatamente uno de los temas más emblemáticos de la carrera de ambos.

La aparición de Dua Lipa ofreció una imagen distinta. En lugar de recurrir a uno de los grandes éxitos bailables de Shakira, ambas compartieron Antología, una de las canciones más íntimas de la primera etapa de la colombiana. La elección conectó el espectáculo monumental de Macondo Park con la dimensión más personal de su repertorio y mostró la influencia que su música ha ejercido sobre otras estrellas internacionales. El encuentro también evidenció la capacidad de la residencia para generar acontecimientos que trascienden la propia actuación: las colaboraciones se convierten en vídeos virales, alimentan titulares y mantienen el interés de quienes todavía tienen pendiente acudir a alguno de los conciertos.

La expectativa sobre posibles apariciones sorpresa se ha convertido, de hecho, en parte de la experiencia. En una gira convencional, el público suele conocer de antemano buena parte del formato; en Madrid, la presencia de invitados ha añadido una incógnita a cada noche. Esa combinación de repertorio conocido y posibilidades inesperadas ha contribuido a que los conciertos mantengan su capacidad de generar conversación incluso entre quienes ya han asistido a una de las fechas.

Macondo Park, mucho más que un estadio

La singularidad de la residencia se aprecia también fuera del escenario principal. Inspirado en el universo literario de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, Macondo Park se ha concebido como un espacio cultural y de ocio en el que el público puede permanecer durante horas antes del concierto. La propuesta reúne diferentes pabellones, una plaza central, puestos gastronómicos y actividades relacionadas con la música, la literatura y la moda. El objetivo es transformar la asistencia en una jornada completa y no únicamente en una entrada para un espectáculo nocturno.

La programación paralela amplía esa idea con artistas de diferentes estilos y generaciones, entre ellos Amaia, Nathy Peluso, Guitarricadelafuente, Yerai Cortés y Lia Kali. El resultado se acerca al formato de los grandes festivales, aunque con una diferencia: toda la experiencia gira alrededor de una única figura. Shakira actúa como cabeza de cartel, pero también como hilo narrativo de un proyecto que pretende mostrar distintas expresiones de la cultura musical en español.

El nombre del recinto tampoco es un detalle menor. Macondo remite a un territorio imaginario que adquiere vida propia y en el que conviven lo cotidiano y lo extraordinario. Trasladada a Villaverde, la idea se convierte en una ciudad efímera que modifica temporalmente la relación entre el público y el espacio. La arquitectura, los pabellones y las actividades forman parte de una producción que aspira a dejar una impresión más duradera que la de un concierto convencional, aunque su existencia esté limitada a unas pocas semanas.

La dimensión del proyecto tiene, además, consecuencias para el entorno. La concentración de decenas de miles de asistentes obliga a desplegar dispositivos especiales de movilidad, refuerzos del transporte público y medidas de regulación del tráfico. Mientras hoteles, restaurantes y otros negocios pueden beneficiarse de la llegada de visitantes, algunos vecinos han expresado su preocupación por el ruido, los desplazamientos y las molestias asociadas a los macroeventos. La residencia muestra así las dos caras de una operación de esta escala: la capacidad de atraer actividad económica y cultural y la dificultad de integrar concentraciones masivas en la vida cotidiana de un barrio.

El 12+1, una despedida a la altura del fenómeno

La historia parecía tener una fecha de cierre: el 11 de octubre, después de doce conciertos distribuidos a lo largo de cuatro fines de semana. Sin embargo, la demanda ha dado lugar a una última cita el lunes 12 de octubre, coincidiendo con el Día de la Hispanidad. Shakira ha elegido una fórmula muy suya para anunciarla, el «12+1», una denominación que convierte el concierto adicional en algo más que una fecha añadida al calendario. Será la despedida de la residencia y, a juzgar por el cartel anunciado, una celebración de la diversidad musical que ha inspirado el proyecto.

Entre los invitados confirmados figuran Maluma, Beéle y Dani Martín. La presencia de Maluma tiene un atractivo evidente por la historia musical que comparte con Shakira: ambos colaboraron en Chantaje, uno de los éxitos más reconocibles del pop latino reciente, y han vuelto a unir sus voces en Agua. La cita ofrece la posibilidad de verlos juntos en directo en Madrid, mientras que Beéle representa una generación de artistas caribeños que está ganando espacio en la escena internacional. Dani Martín, por su parte, incorpora al cartel una figura esencial del pop español de las últimas décadas.

El programa anunciado para el cierre también contempla un homenaje a Federico García Lorca y a Omega, el álbum de Enrique Morente y Lagartija Nick que cumple treinta años y que supuso un punto de inflexión en el diálogo entre el flamenco y el rock. La participación de Lagartija Nick, Kiki Morente e Israel Fernández amplía el alcance musical de la despedida y establece un puente entre distintas tradiciones que conviven en la cultura española contemporánea.

La combinación es significativa: una estrella colombiana, referentes del pop latino, una figura del pop español y artistas vinculados al flamenco en una jornada que coincide con una fecha de especial simbolismo para la relación cultural entre España y América Latina. El 12+1 parece concebido para resumir, en una sola noche, buena parte de las conexiones que han dado sentido a Macondo Park. No será simplemente una repetición de los conciertos anteriores, sino una cita con identidad propia cuyo desarrollo, a fecha de 7 de octubre, todavía está por descubrir.

El fenómeno después de las canciones

La residencia también ha situado a Madrid en una posición destacada dentro del calendario internacional de grandes acontecimientos musicales. El proyecto nació con la previsión de reunir a cientos de miles de espectadores y generar un impacto considerable en sectores como la hostelería, el transporte y el turismo. La llegada de seguidores de otras ciudades y países amplía el efecto de los conciertos más allá del recinto y convierte cada fin de semana en una oportunidad para que la capital se proyecte como destino musical.

Pero reducir el fenómeno a las cifras sería quedarse en la superficie. La principal singularidad de esta residencia es haber transformado una serie de actuaciones en una experiencia compartida que combina música en directo, cultura popular, turismo y espectáculo. La conversación sobre Shakira no se limita a la calidad de una interpretación o a la selección de canciones: incluye la arquitectura del recinto, la programación paralela, las apariciones sorpresa y la expectativa sobre lo que ocurrirá en la siguiente fecha.

También revela la posición que ocupa hoy la música en español. Artistas de distintas generaciones y procedencias comparten espacios y públicos, mientras una figura como Shakira puede reunir en un mismo proyecto referencias colombianas, latinoamericanas y españolas sin que ninguna de ellas resulte ajena al conjunto. La cantante lleva décadas construyendo esa identidad internacional y Madrid se ha convertido durante estas semanas en el escenario donde se hace visible a gran escala.

Cuando llegue el 12 de octubre, Macondo Park habrá acogido su última jornada. Después comenzará el desmontaje de una instalación temporal que habrá cambiado durante unas semanas el paisaje de Villaverde y la agenda musical de Madrid. Quedarán los vídeos de las colaboraciones, las fotografías de las gradas, las canciones compartidas y las historias de quienes viajaron expresamente para asistir a uno de los conciertos.

El último capítulo, sin embargo, todavía está por escribirse. El «12+1» reunirá a Maluma, Beéle y Dani Martín, además de la propuesta dedicada a Lorca y Omega, y pondrá punto final a una residencia que ha convertido a Shakira en mucho más que la protagonista de una serie de conciertos. Durante casi un mes, la colombiana habrá conseguido que miles de personas viajen para verla, que cada nueva actuación genere expectación y que un recinto levantado para la ocasión se convierta en uno de los centros de conversación cultural del otoño madrileño.

La despedida tendrá que confirmar si esa última noche está a la altura de lo que la ha precedido. Por ahora, el balance es el de una residencia que ha desbordado el formato tradicional de la gira y ha convertido el concierto en una experiencia colectiva. Shakira llegó a Madrid con doce fechas previstas y ha terminado reservándose una más para cerrar Macondo a su manera: con una última noche en la que la música latina, el pop español y el flamenco compartirán escenario antes de que la ciudad efímera desaparezca.