El dúo conquista al jurado y al público en una final sin billete a Eurovisión y redefine el rumbo del festival

Desde que puse un pie en el Palau d’Esports l’Illa, supe que esta final del Benidorm Fest 2026 no iba a ser una noche más. La energía ya era eléctrica antes de que Mayo abriera la gala con su potente “Tócame”, pero hubo un momento, ese instante preciso, en que la música dejó de ser espectáculo para convertirse en sentimiento colectivo: cuando Tony Grox y Lucycalys subieron juntos al escenario con su “T Amaré”, la canción que acabaría coronándose como ganadora de esta edición histórica.

La final de este año fue distinta desde antes de empezar. Por primera vez, el certamen se celebraba sin pase directo a Eurovisión, una decisión que dejó un silencio incómodo entre los puristas y un aire de revolución entre los curiosos. Este Benidorm Fest 2026, más festival, menos preselección, necesitaba algo más que voces: pedía alma, innovación y conexión real con el público. Y lo consiguió.

Amor, ritmo y diversidad: así se sintió la noche

Sentado/a entre la multitud, veía cómo cada actuación encendía una chispa: la bachata sensual de Dani J, el magnetismo folk-flamenco de Rosalinda Galán, el pop contagioso de Miranda! & bailamamá, incluso la balada visceral de Mikel Herzog Jr. Todos pusieron piezas de su corazón sobre el escenario. 

Pero fue Tony Grox y Lucycalys quienes consiguieron transformar esa energía en algo colectivo. Su “T Amaré” no es solo una canción; es una declaración de intenciones que mezclaba lo urbano, lo flamenco y lo electrónico sin perder un ápice de autenticidad. Cuando aquella primera línea se escuchó, el público ya no estaba viendo un show… estaba viviendo su propia historia de amor, de verano, de nostalgia y esperanza. 

En realidad, todo el Palau se convirtió en una gran pista de baile donde los aplausos eran latidos y las miradas cómplices. Fue emocionante ver cómo la Sirenita, el trofeo simbólico recuperado este año, no solo representaba un premio, sino un símbolo de identidad, de que la música española puede reinventarse y seguir vibrando fuerte.

Un festival que ya es mucho más que una final

Lo que viví no fue solo una entrega de premios: fue una celebración de diversidad musical en su estado más puro. Gente de todas las edades coreando, gente que lloraba, gente que bailaba en los pasillos… el espíritu del Benidorm Fest 2026 quedó capturado en ese tipo de momentos que no se pueden describir con cifras ni con listas de reproducción. 

Quizá nadie sabe qué pasará con este festival en el futuro sin Eurovisión, pero después de esta noche sé algo con certeza: el Benidorm Fest ya es un acontecimiento propio, con identidad propia y con el poder de hacer latir a toda una ciudad al mismo ritmo.