El evento combina grandes artistas con un firme compromiso social, sostenible e inclusivo que transforma cada edición en algo más que un concierto

Detrás de los grandes nombres que cada verano llenan el Parc del Fòrum hay una historia que va mucho más allá de los escenarios.

Share Festival se ha convertido en uno de los eventos musicales de referencia en España no solo por reunir a las estrellas del momento, sino por utilizar la música como una herramienta para generar un impacto positivo en la sociedad. Solidaridad, sostenibilidad e inclusión forman parte de un proyecto que lleva ocho años demostrando que un festival también puede cambiar las cosas.

Porque mientras miles de personas disfrutan de artistas como Myke Towers, Lola Índigo, Dellafuente u Omar Courtz en la edición de 2026, detrás del espectáculo existe toda una red de iniciativas que buscan mejorar el entorno y dar oportunidades a quienes más lo necesitan.

Más de 3.000 árboles plantados cada año para compensar la huella de carbono del evento, conciertos adaptados para personas sordas mediante interpretación en lengua de signos, miles de entradas destinadas a colectivos vulnerables y la colaboración con más de veinte ONG son solo algunas de las acciones que definen la identidad de Share Festival.

Un festival que convierte la música en acción

Desde sus inicios, Share Festival ha apostado por unir entretenimiento y compromiso social. La filosofía del evento parte de una idea clara: la capacidad de convocatoria de la música puede servir para movilizar a miles de jóvenes y acercarles valores relacionados con la igualdad, la sostenibilidad y la solidaridad.

Uno de los pilares fundamentales del proyecto es su apuesta medioambiental. Cada edición, el festival planta 3.000 árboles para compensar las emisiones de CO₂ generadas por el evento, una iniciativa que se suma a los bosques creados y a los miles de árboles plantados durante sus primeros años de vida.

La inclusión también ocupa un papel protagonista. Share Festival fue el primer gran festival de España en traducir el concierto de su cabeza de cartel principal a lengua de signos, permitiendo que las personas sordas puedan vivir la experiencia musical en igualdad de condiciones. Además, durante las ediciones de 2024 y 2025 fue pionero al presentar un cartel compuesto mayoritariamente por artistas femeninas, reforzando su compromiso con una industria más diversa.

Pero si hay una parte especialmente significativa del proyecto es la relacionada con la solidaridad. Cada año, Share Festival dona 3.000 entradas a colectivos en situación de vulnerabilidad, entre ellos familias y mujeres sin hogar, jóvenes migrantes en situaciones de emergencia o personas con problemas de salud mental.

A través de la aplicación del festival, los asistentes también pueden participar en acciones solidarias con un simple clic en redes sociales. Estas acciones permiten conseguir puntos canjeables por entradas y premios, convirtiendo la participación del público en una forma directa de colaborar. Hasta la fecha, la comunidad de Share Festival ya ha realizado más de 400.000 acciones solidarias.

El impacto acumulado durante las siete primeras ediciones refleja la dimensión del proyecto: más de 77.000 vacunas enviadas contra la polio y otras enfermedades endémicas en países africanos, más de 13.000 niños beneficiados con alimentos y material escolar en Barcelona, más de 1.600 menores refugiados escolarizados y más de 14.000 entradas solidarias entregadas a colectivos vulnerables, con un valor económico superior a los 700.000 euros.

Además, el festival trabaja junto a más de veinte ONG que participan activamente durante el evento con iniciativas de recogida de alimentos, actividades de concienciación, talleres vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y acciones para implicar al público joven.

Con Share Festival 2026, Barcelona volverá a vivir dos días de grandes conciertos, pero también una experiencia que busca dejar algo más que recuerdos. Porque el verdadero impacto de un festival no solo se mide por los artistas que pasan por su escenario, sino también por la huella que deja cuando la música termina.